Un mes de campaña

Se ha cumplido un mes desde que arrancamos la campaña en este blog, y el balance no puede ser más positivo:

– 100.000 visitas a la página

– 500 correos de apoyo recibidos

– 200 blogs adheridos

– 39.000 firmas al documento

Queremos desde aquí agradeceros a todas y todos vuestro apoyo y vuestro aliento. Os garantizamos que no será en vano, esto no ha hecho más que empezar.

Sin palabras

Estos días este blog ha recibido la visita de todo tipo de personajes, que se han dedicado a dejar comentarios llenos de insultos, mentiras y groserías.

En la única entrada en la que permitimos esa clase de basura, una interviniente nos ha dejado, literalmente, sin palabras. Cuando creíamos que la única contestación posible a tanto insulto, tanta falacia y tanta indecencia, era el simple desprecio, alguien nos demuestra que, a pesar del dolor, a pesar de la diferencia, es capaz de escribir esto como respuesta a la jauría:

“Es más, espero que el doctor Montes atienda a mi suegra cuanto antes, la pobrecita lo está pidiendo a gritos, es que sufre tanto…”

Mi abuelo, con 86 años y enfermo del corazón lo pedía a gritos. Casi literalmente, puesto que ya no podía gritar. Llevaba meses empeorando, pasando largas temporadas ingresado, descompensándose, reequilibrándose… Planteamos la opción de operarlo, pero a su edad y en su estado, sus posibilidades de sobrevivir y de que su calidad de vida aumentara tras la operación eran mínimas, con una recuperación durísima.
Ya no parecía él: siempre había sido activo, curioso, viajero, culto… pero ya no podía caminar, estaba hinchado y le dolía moverse, hablar, respirar. Ya ni siquiera leía porque no podía. No tenía hambre. Ya no sonreía cuando me veía, sólo los ojos le brillaban unos instantes. Se estaba apagando, pero este proceso puede durar meses y meses de sufrimiento y dolor para él, para mi abuela (85 años, 60 de matrimonio) y para todos los que lo amamos y que estuvimos siempre a su lado. Mi madre es médico, mi abuelo le pidió centenares de veces que lo ayudáramos a morir, que ya lo había hecho todo, que había vivido, amado, sufrido, disfrutado y ahora sólo sufría. Mi abuelo fue atendido en su casa por una unidad médica de curas paliativas y pudo morir, al cabo de unos días, tranquilo y sin dolor. Pero durante esos días, él ya no era él, ya no estaba, pero todos nosotros seguíamos en la tensión y el dolor de esos meses horribles. Si la eutanasia activa hubiese sido legal, mi abuelo la hubiese querido, y mi obligación moral, mi último acto de amor, hubiese sido dar mi consentimiento. En media hora, el sufrimiento de mi abuelo hubiese terminado, mi abuela no hubiese tenido que ver como el amor de toda su vida se iba deshaciendo… Yo adoro a mi abuelo. De él he aprendido más que de nadie. Lo hecho de menos terriblemente. Llevo llorando desde aproximadamente el 4º post de esta página. ¿Cómo se atreven a opinar que aquéllos que defendemos el derecho a una muerte digna y sin dolor no queremos, respetamos y admiramos a nuestros ancianos? ¿Han vivido ustedes de cerca la agonía de un ser querido? Porque la de mi abuelo ha sido mi primera vez., y sólo espero que, si algún día me encuentro en su situación, mi familia haga lo posible por encontrar a un dr Montes que me ayude a morir como yo quiero.

“La agonía de una persona refuerza la dimensión espiritual no sólo del enfermo, sino de los familiares. Pero claro, los masones destierran todo lo que huela a espiritualidad.
En el sufrimiento nos hacemos fuertes. Pero claro, los masones no nos quieren fuertes.”

Mi abuelo, señor xxxxxxxx, había vivido una guerra, una posguerra, la pérdida de un hijo, el cáncer casi mortal de su esposa, el divorcio traumático de una hija maltratada… no necesitaba más sufrimiento. En cuanto a nosotros, creo que 2 años de sufrimiento por su salud fueron una buena dosis, aun cuando no estoy en absoluto de acuerdo con sus ideas acerca de la espiritualidad. A mí, lo que me ha hecho más fuerte y ha reforzado mi dimensión espiritual es el amor de mi abuelo, es su alegría y su bondad, es su vida, no su muerte.
Pido respeto. Pido libertad. La libertad de morir con dolor, si usted cree que eso le hará mejor persona a usted y a los que lo rodean. Para mí pido la libertad de morir sin dolor, de morir tranquila. Y no acepto ser insultada, y mucho menos que se cuestione mi amor hacia mi abuelo, pues él ha sido padre, maestro, amigo y muchas otras cosas para mí. Y ahora descansa en paz.

Berta