Sedaciones

Otro magnífico artículo para el debate. La visión de las sedaciones por una profesional de la Sanidad, con toda su implicación emocional:


Sedaciones

Por una vez y, como suele decirse, sin que sirva de precedente, me vais a permitir que deje colgado en el perchero mi vestido de hojalata y que quien os hable sea quien sea yo (que no soy otra cosa que otro personaje más de este mundo).

Hace unos meses se habló mucho de las sedaciones en Leganés, no es mi intención entrar en cuestiones legales ni éticas en este momento, aunque expreso desde aquí mi solidaridad con el Dr. Montes y su equipo. Sólo quiero contarlos algo.

Desde hace unos años, trabajo como médico en un hospital. Pues bien, hace dos años, por la labor asistencial que desempeñaba en aquel momento, me tocó atender a bastantes (demasiados) pacientes terminales y tuve que prescribir sedaciones para esos últimos momentos de la vida de una persona, cuando la vida en realidad ya se ha ido y sólo queda ahí, en la cama, alguien que sufre.

Ya me voy acercando a lo que quería contaros. Es curiosa y muy triste la incapacidad del ser humano para entender el sufrimiento ajeno. Digo curiosa porque mientras que el sufrimiento propio llega a aceptarse, el ajeno, la mayor parte de las veces, sólo se soporta. Hay que ver la prisa que nos damos en sacudirnos el dolor ajeno. La gente enferma (con enfermedades de larga duración, me refiero) nos da miedo. Nos asusta. No sabemos qué hacer con un enfermo. Ni siquiera nos atrevemos a tocarle.

El momento de plantear una sedación a un paciente y sus seres queridos es un momento muy triste en la vida de un médico. Más lo es en la vida del paciente y en su familia, sólo intento contaros algo aquí: posiblemente sea más triste y más duro plantear una sedación que no hacerlo, por el mensaje que lleva implícito: “esto se acaba” (esto se acaba porque ya se ha acabado). “La verdadera alternativa a la eutanasia y al encarnizamiento terapéutico es la humanización de la muerte” dicen los especialistas en cuidados paliativos. Tal vez si en la vida se hablara más de la muerte, en la muerte se podría ver más vida. No lo sé.

Lo que quiero, finalmente, contaros es cómo, con qué intensidad, se te quedan pegados esos pacientes. Lo difícil que es escuchar: “no dejes que me hagan más cosas”, “esto no se puede soportar, si estuvieras aquí lo sabrías”, “no me duermas, creo que no volveré a despertarme”. Aprender a perder el pulso a la muerte. Quedarse con el enfermo. Soportar el peso de su confianza. Cerrar la puerta, y sólo entonces, encogida en la cama del dormitorio de guardia, llorar.

Fuente original, en el blog ‘El mundo de hojalata’

Sobre la vida y la muerte

Artículo a meditar, en la bitácora de Luis Solana:

Sobre la vida y la muerte

Publicado el 18 de Marzo de 2008

eutanasia.jpgMe parece que estos días pueden ser oportunos para meditar un rato sobre eso de la vida y la muerte. Por ejemplo: una señora francesa afectada de un extraño cáncer nasal sin solución y que le hace sufrir lo insoportable, pide que le ayuden a morir. Las autoridades francesas le anuncian que puede plantearse un coma inducido, pero que la eutanasia, no. Justamente en estos días estamos recordando el caso más conocido en el mundo de una eutanasia pasiva: la de Jesús de Nazaret.Jesús de Nazaret (según cuentan las crónicas) decidió morir por nosotros. Vale, pero pudo vivir sin problemas. Se suicidó para que los humanos viviésemos. Vale, pero se suicidó. No en el modelo activo, sino en el pasivo.Todos mis respetos.

Pero cuando alguien pide que la ley no condene a quien quiere morir por sus dolores, andamos buscando todo tipo de razones para decirle que no.

La muerte da tanto miedo, que nadie se atreve políticamente a mirarla a los ojos. Como nadie ha contarnos nada de lo dicen que hay más allá, hay quienes creen que cuanto más tiempo vivos, mejor. Y a cualquier coste.

Hay que tener el valor político de aceptar la eutanasia como una parte del bienestar social. Si no se entiende así hay qu hablar d religiones. Y no quiero molestar.

El debate sobre la eutanasia se podría resolver contestando a esto: mi madre se está muriendo con dolor, quiero que no sufra en un tránsito que es seguro; mi madre se está muriendo con dolor, no quiero que nadie le aplique ningún paliativo.

¿Dónde te colocas, hijo o nieto?

Pero te sitúes en la posición que te sitúes, casi no es lo más imporante; lo que debes pensar es dentro de unos años el problema igual lo vives tú.

¡100 blogs!

Tras cinco días de campaña, hemos llegado a los 100 blogs adheridos (aunque, a la hora de escribir esto, probablemente sean algunos más)

Bitácoras personales, de políticos, profesores, enfermeras, empresarios, asociaciones, partidos políticos, portales … cien bloggers que han incluido el banner en sus sitios, han escrito entradas o simplemente se han solidarizado por correo. Cien plumas virtuales que apoyan a Montes, a su equipo y a la Sanidad Pública.

¡Gracias, muchas gracias!

¡GRACIAS!

Son 650 las firmas conseguidas, 50 blogs adheridos, cientos de correos recibidos y más de 5.000 visitas, en apenas dos días. ¡Que no decaiga!

Gracias de corazón a todas y todos los que, de una forma u otra, nos habéis manifestado vuestra adhesión; en muchos casos, con inmerecidas muestras de cariño. Porque si alguien merece el cariño, no somos nosotros, sino Montes y su equipo represaliado, los enfermos que son obligados a morir con dolor y los familiares que sufren con su dolor …

Os dejo una carta recibida, y que muestra lo necesario de ese cariño. De todo nuestro cariño:

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Muy SR.MÍO (si esta misiva llega al Dr. Montes):

En mi vida se han dado dos casos especialmente duros para cualquier persona. Uno de ellos el fallecimiento de mi abuelo materno de cáncer de cólon, en una época en la que el tratamiento del dolor aún era claramente deficiente. El otro, trece años después, en 1999, el de su hija, mi madre, cuyo pánico a revivir la agonía de mi abuelo era tan tremendo que, de los 6 primeros meses en los que la enfermedad evolucionaba razonablemente bien, pasó a apagarse poco a poco, con el miedo como compañero hasta el final de sus días. De tal manera que, siendo un tumor de entre los que los tratamientos son efectivos en un altísimo porcentaje (Linfoma de Hodking), hasta los oncólogos no salían de su asombro al ver el avance en el que había entrado de manera imparable la evolución de la enfermedad. Estoy convencida, también porque es sabido que es muy importante en estos casos la voluntad y el estado de ánimo, que influyó de manera decisiva su experiencia traumática con mi abuelo, en el desenlace, entre otros factores, claro está. Los cuidados paliativos que se le aplicaron desde la tarde en la que ingresó para morir, la sedación terminal y el desconocimiento de que se acababa su tiempo, hicieron de su marcha un dulce tránsito. La cara opuesta de lo que mi abuelo tuvo que padecer durante un mes, en ése estado semicomatoso e indigno que le dejó el abuso necesario de las famosas gotas de morfina que se utilizaban en aquél momento…Mi madre quedó dormida, serena…nos ayudó mucho el que no pasara por lo mismo que él para sobrellevar la pena de su pérdida. Y no me quiero ni imaginar lo que hubiéramos padecido si la experiencia se hubiera repetido con ella. Por todo ello, gracias al servicio de Oncología del Hospital General Yagüe de Burgos, dirigido por el Dr. Girón, y gracias por supuesto a todos estos facultativos humanos como usted, Dr. Montes, y sus compañeros Insausti, Gimeno, López Varas y Bernardo.

Gracias simplemente por hacer bien su trabajo, con humanidad.

Eva Gallo
evigallo77.spaces.live.com
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Las mentiras sobre el Severo Ochoa

Otra entrada lapidaria, en este caso en el blog de Escolar:

Lamela no pide perdón. Está “muy orgulloso” de lo que hizo con los médicos del Severo Ochoa de Leganés. No sólo no se arrepiente sino que “volvería a hacerlo”. El político perdido y hallado en la nieve ha vuelto de esquiar para seguir patinando. Hoy habló al fin y se reafirmó en sus tesis; como si no hubiese sentencia firme contra su caza de brujas. El consejero del Gobierno de Esperanza Aguirre (ahora en Transportes, antes en Sanidad) se encastilló en las mentiras con las que el PP y su coro mediático afrontan el varapalo judicial. A saber, dos falacias: la trampa estadística y la prueba diabólica.

La trampa estadística

“El servicio de urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés pasó de los 203 fallecidos del año 2004 a los 99 de 2007”, dice el PP en el argumentario que ha repartido entre sus dirigentes. El dato es cierto, pero esconde dos trampas. La primera, que en el año 2004 aún no funcionaba a pleno rendimiento el vecino Hospital de Fuenlabrada. La segunda, que la Comunidad de Madrid, después de cesar a Montes, ordenó al hospital que los pacientes que estaban a punto de morir en urgencias fueran trasladados a planta, hubiese camas o no. Uno de ellos falleció en el ascensor.

La prueba diabólica

“Que no haya podido probarse no significa que no hubiese mala praxis”. La frase es de Juan José Güemes, el actual consejero de Sanidad de Madrid. En derecho, a esta falacia contra la presunción de inocencia la llaman probatio diabolica, un concepto que viene de los tiempos de la Inquisición: si un reo confesaba bajo tortura, era culpable; y si no lo hacía, también, porque eso demostraba que el diablo le había dado fuerzas para resistir. Por las mismas, que no haya podido probarse no significa que Güemes no sea tan honrado como su suegro, el siniestro Carlos Fabra.

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Otra mentira más, ésta en la larga cuenta de Eduardo Zaplana: “La Consejería de Salud de Madrid no hizo nada más que entregar al fiscal 400 denuncias“, dijo esta semana en 59 segundos. Al portavoz del PP le fallan algunos números: no eran 400 denuncias, era una denuncia anónima donde se acusaba a los médicos de 400 asesinatos.

En realidad, fueron dos denuncias. Hubo otro anónimo, dos años antes, que también se investigó y también quedó en nada. La novedad fue que esta vez la Comunidad de Madrid hizo algo más: dar pábulo al anónimo (otra similitud con la Inquisición), ponerse al frente de la campaña y considerar a los médicos culpables hasta que se demostrase lo contrario.

Y lo contrario se ha demostrado. Y les ha dado igual.

Morir con dignidad

Impresionante entrada en el Blog de Blanca:

MORIR CON DIGNIDAD

Estábamos dormitando despues de comer. Era el mes de agosto de 1999 y estábamos de vacaciones toda la familia. Mi madre estaba en su sillón favorito viendo la tele entre cabezada y cabezada, con Pep, nuestro bóxer, apoyado en sus pies.

De repente mi madre se levantó para ir al baño y al ratito escuchamos unos gemidos. Fuimos mi hermana y yo corriendo a ver qué le pasaba y la encontramos bastante descompuesta, como si hubiera sufrido un corte de digestión, pero tenía muy mal aspecto.

La llevamos a la cama, mientras le preparábamos una manzanilla… comía muy bien y podía haberle sentado mal la fabada… pero pasaba el tiempo y el malestar y el dolor que empezaba a sentir en el vientre no remitía.

Decidimos llamar al médico de urgencia, que no tardó demasiado en venir. Despues de la revisión exhaustiva, algo debió ver que no le gustó y decidió decirnos que mejor la lleváramos al hospital más próximo. Ella misma llamó a una ambulancia y para allá nos fuimos mi hermana y yo.
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El Severo nos sigue doliendo

En el blog de RosaJC

El Severo me sigue doliendo (con hipervínculos en el original)

Estuve en el Concierto de “El Severo me duele”. Se ha demostrado la inocencia del Doctor Montes, me alegro, pero el dolor no remite. Me duele en el corazón y en la cabeza porque ir al médico de la seguridad social, en Madrid, donde vivo, no será lo mismo después de esto. Estos tres años no tienen marcha atrás, ¿ahora quién devuelve no el puesto el doctor sino la confianza doctor paciente que tan sutilmente han minado? ¿Qué pasa con todos aquellos que tuvieron que morir con dolor? ¿Era necesario? Basta con unir dos factores: religión y gestión liberal de un hospital para tener la respuesta.
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