Con la Iglesia hemos topado

Para los que tenían dudas de cual es la postura de la Comunidad de Madrid en el tema de las sedaciones, que echen un vistazo a la noticia que publica hoy El País. De piedra nos ha dejado:

Aguirre y Rouco pactan que los curas tengan voto sobre el trato a los enfermos terminales

El Gobierno regional y el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela, firman un convenio que amplía las funciones de los sacerdotes en los hospitales

ELPAIS.com – Madrid – 24/04/2008

El Gobierno de Madrid, que preside Esperanza Aguirre (PP), y el cardenal arzobispo de la capital, Antonio María Rouco Varela, han acordado que el Servicio de Asistencia Religiosa Católica forme parte del comité de ética y del comité interdisciplinar de cuidados paliativos de los hospitales públicos de la Comunidad, según informa Teresa Rubio en la Cadena SER.

Este acuerdo, traducido en una cláusula del convenio firmado entre Aguirre y Rouco, ampliará las funciones de los curas que asisten a los hospitales, hasta ahora para visitar a los enfermos y darles consejo desde el punto de vista religioso, para que emitan su voto dentro de este comité encargado de decisiones como la sedación de enfermos terminales, la práctica de un aborto o la reanimación de un bebé en determinados casos. Este comité estaba hasta ahora a los facultativos de cada centro

El acuerdo, según informa la Cadena SER, fue firmado el pasado 2 de enero por el consejero de sanidad Juan José Güemes y el obispo auxiliar de Madrid, Fidel Herráez Vegas.

Fuente: El País

De manera que, a partir de ahora, en la CAM nos moriremos … con el permiso de Dios.

No tienen vergüenza ninguna.

Sedaciones

Otro magnífico artículo para el debate. La visión de las sedaciones por una profesional de la Sanidad, con toda su implicación emocional:


Sedaciones

Por una vez y, como suele decirse, sin que sirva de precedente, me vais a permitir que deje colgado en el perchero mi vestido de hojalata y que quien os hable sea quien sea yo (que no soy otra cosa que otro personaje más de este mundo).

Hace unos meses se habló mucho de las sedaciones en Leganés, no es mi intención entrar en cuestiones legales ni éticas en este momento, aunque expreso desde aquí mi solidaridad con el Dr. Montes y su equipo. Sólo quiero contarlos algo.

Desde hace unos años, trabajo como médico en un hospital. Pues bien, hace dos años, por la labor asistencial que desempeñaba en aquel momento, me tocó atender a bastantes (demasiados) pacientes terminales y tuve que prescribir sedaciones para esos últimos momentos de la vida de una persona, cuando la vida en realidad ya se ha ido y sólo queda ahí, en la cama, alguien que sufre.

Ya me voy acercando a lo que quería contaros. Es curiosa y muy triste la incapacidad del ser humano para entender el sufrimiento ajeno. Digo curiosa porque mientras que el sufrimiento propio llega a aceptarse, el ajeno, la mayor parte de las veces, sólo se soporta. Hay que ver la prisa que nos damos en sacudirnos el dolor ajeno. La gente enferma (con enfermedades de larga duración, me refiero) nos da miedo. Nos asusta. No sabemos qué hacer con un enfermo. Ni siquiera nos atrevemos a tocarle.

El momento de plantear una sedación a un paciente y sus seres queridos es un momento muy triste en la vida de un médico. Más lo es en la vida del paciente y en su familia, sólo intento contaros algo aquí: posiblemente sea más triste y más duro plantear una sedación que no hacerlo, por el mensaje que lleva implícito: “esto se acaba” (esto se acaba porque ya se ha acabado). “La verdadera alternativa a la eutanasia y al encarnizamiento terapéutico es la humanización de la muerte” dicen los especialistas en cuidados paliativos. Tal vez si en la vida se hablara más de la muerte, en la muerte se podría ver más vida. No lo sé.

Lo que quiero, finalmente, contaros es cómo, con qué intensidad, se te quedan pegados esos pacientes. Lo difícil que es escuchar: “no dejes que me hagan más cosas”, “esto no se puede soportar, si estuvieras aquí lo sabrías”, “no me duermas, creo que no volveré a despertarme”. Aprender a perder el pulso a la muerte. Quedarse con el enfermo. Soportar el peso de su confianza. Cerrar la puerta, y sólo entonces, encogida en la cama del dormitorio de guardia, llorar.

Fuente original, en el blog ‘El mundo de hojalata’

Sobre la vida y la muerte

Artículo a meditar, en la bitácora de Luis Solana:

Sobre la vida y la muerte

Publicado el 18 de Marzo de 2008

eutanasia.jpgMe parece que estos días pueden ser oportunos para meditar un rato sobre eso de la vida y la muerte. Por ejemplo: una señora francesa afectada de un extraño cáncer nasal sin solución y que le hace sufrir lo insoportable, pide que le ayuden a morir. Las autoridades francesas le anuncian que puede plantearse un coma inducido, pero que la eutanasia, no. Justamente en estos días estamos recordando el caso más conocido en el mundo de una eutanasia pasiva: la de Jesús de Nazaret.Jesús de Nazaret (según cuentan las crónicas) decidió morir por nosotros. Vale, pero pudo vivir sin problemas. Se suicidó para que los humanos viviésemos. Vale, pero se suicidó. No en el modelo activo, sino en el pasivo.Todos mis respetos.

Pero cuando alguien pide que la ley no condene a quien quiere morir por sus dolores, andamos buscando todo tipo de razones para decirle que no.

La muerte da tanto miedo, que nadie se atreve políticamente a mirarla a los ojos. Como nadie ha contarnos nada de lo dicen que hay más allá, hay quienes creen que cuanto más tiempo vivos, mejor. Y a cualquier coste.

Hay que tener el valor político de aceptar la eutanasia como una parte del bienestar social. Si no se entiende así hay qu hablar d religiones. Y no quiero molestar.

El debate sobre la eutanasia se podría resolver contestando a esto: mi madre se está muriendo con dolor, quiero que no sufra en un tránsito que es seguro; mi madre se está muriendo con dolor, no quiero que nadie le aplique ningún paliativo.

¿Dónde te colocas, hijo o nieto?

Pero te sitúes en la posición que te sitúes, casi no es lo más imporante; lo que debes pensar es dentro de unos años el problema igual lo vives tú.

No merecen nuestro respeto

En el mitin del PP en Valdemoro, el pasado sábado, Francisco Granados, consejero de Presidencia e Interior de la Comunidad de Madrid, se ha marcó la siguiente sentencia:

“¡Qué mal deben estar las cosas en el PSOE para que estén convirtiendo en líder de la izquierda al doctor Mortis!”

Siendo aplaudido por la cohorte enfervorizada de hienas que le jaleaba.

Les da igual todo, les da igual lapidar a profesionales con métodos nazis, les da igual utilizar la ley en su beneficio, les da igual acabar con los sistemas universales de sanidad y, además, les importa una mierda que muramos con dolor.

Este fin de semana conocí la muerte de una mujer, la madre de una amiga. Toda una vida de dignidad y estoico sosiego, para terminarla ahogándose y sufriendo mientras su hija tenía que entubarla, cada vez que el pecho se le deprimía. A su lado, otra mujer agonizaba casi simultáneamente, entre horribles dolores y agarrándose desesperada a sus familiares. Así, durante doce interminables horas.

Mi amiga suplicó a la médico que atendía a su madre que ‘por piedad’ le suministrara morfina, que por favor parara su sufrir. La profesional fue tajante: ‘¿Y cómo sé yo que mañana no me vas a denunciar?’ …

La madre de mi amiga murió sin sedación alguna, gritando y retorciéndose.

Yo les digo desde aquí a Gúemes, a Lamela, a Granados y a su Presidenta (que no la mía): sois una pandilla de ratas sin conciencia, hijos de una derecha sin conciencia . El 9 de Marzo vamos a escupiros nuestra indignación a la cara, y os ireis a casa con la bofetada de nuestro desprecio en todo el rostro.

¡GRACIAS!

Son 650 las firmas conseguidas, 50 blogs adheridos, cientos de correos recibidos y más de 5.000 visitas, en apenas dos días. ¡Que no decaiga!

Gracias de corazón a todas y todos los que, de una forma u otra, nos habéis manifestado vuestra adhesión; en muchos casos, con inmerecidas muestras de cariño. Porque si alguien merece el cariño, no somos nosotros, sino Montes y su equipo represaliado, los enfermos que son obligados a morir con dolor y los familiares que sufren con su dolor …

Os dejo una carta recibida, y que muestra lo necesario de ese cariño. De todo nuestro cariño:

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Muy SR.MÍO (si esta misiva llega al Dr. Montes):

En mi vida se han dado dos casos especialmente duros para cualquier persona. Uno de ellos el fallecimiento de mi abuelo materno de cáncer de cólon, en una época en la que el tratamiento del dolor aún era claramente deficiente. El otro, trece años después, en 1999, el de su hija, mi madre, cuyo pánico a revivir la agonía de mi abuelo era tan tremendo que, de los 6 primeros meses en los que la enfermedad evolucionaba razonablemente bien, pasó a apagarse poco a poco, con el miedo como compañero hasta el final de sus días. De tal manera que, siendo un tumor de entre los que los tratamientos son efectivos en un altísimo porcentaje (Linfoma de Hodking), hasta los oncólogos no salían de su asombro al ver el avance en el que había entrado de manera imparable la evolución de la enfermedad. Estoy convencida, también porque es sabido que es muy importante en estos casos la voluntad y el estado de ánimo, que influyó de manera decisiva su experiencia traumática con mi abuelo, en el desenlace, entre otros factores, claro está. Los cuidados paliativos que se le aplicaron desde la tarde en la que ingresó para morir, la sedación terminal y el desconocimiento de que se acababa su tiempo, hicieron de su marcha un dulce tránsito. La cara opuesta de lo que mi abuelo tuvo que padecer durante un mes, en ése estado semicomatoso e indigno que le dejó el abuso necesario de las famosas gotas de morfina que se utilizaban en aquél momento…Mi madre quedó dormida, serena…nos ayudó mucho el que no pasara por lo mismo que él para sobrellevar la pena de su pérdida. Y no me quiero ni imaginar lo que hubiéramos padecido si la experiencia se hubiera repetido con ella. Por todo ello, gracias al servicio de Oncología del Hospital General Yagüe de Burgos, dirigido por el Dr. Girón, y gracias por supuesto a todos estos facultativos humanos como usted, Dr. Montes, y sus compañeros Insausti, Gimeno, López Varas y Bernardo.

Gracias simplemente por hacer bien su trabajo, con humanidad.

Eva Gallo
evigallo77.spaces.live.com
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Una muerte digna

Jorge M. Reverte narra en El País cómo ayudó a morir a su madre. Un relato valiente y emotivo, para guardar:

LA MUERTE DE JOSEFINA
Una muerte digna

Se sentó a su lado, le tomó la mano, le dijo unas palabras de despedida, la besó de nuevo. Luego inyectó en el suero las dosis del combinado que harían de su muerte un tránsito indoloro y dulce. Y se quedó a esperar.

JORGE M. REVERTE 03/02/2008

Josefina Reverte era una mujer guapa, madre de seis hijos, cariñosa y de derechas, que tenía 75 años cuando, en la clínica de la Concepción de Madrid, le diagnosticaron un cáncer de mama tan avanzado que ya no tenía remedio. Se habían perdido seis preciosos meses para que aquello pudiera ser tratado con alguna posibilidad de éxito. Un médico de una mutua privada le había dicho que tenía una erisipela, y se afanó en curarle de esa afección que había identificado sin realizar una mamografía.

A Josefina no le dijeron que su pronóstico era fatal. Tan sólo le hablaron de la grave enfermedad y de que tenía que ser tratada con quimioterapia y radiología. Su hija Isabel, que la acompañaba, fue quien recibió la noticia en toda su crudeza. De aquel hospital, los hijos, que tenían amigos médicos que se lo recomendaron, la llevaron a la unidad del dolor de otro hospital madrileño, el Gregorio Marañón. El director del servicio fue más preciso, cuando estudió la historia clínica, para hacer su pronóstico: le quedaban tres meses de vida. Los hijos hicieron hincapié en que a Josefina la trataran de forma que sufriera lo menos posible. Y el médico se lo aseguró. La paciente recibiría un tratamiento ambulatorio que daría, en las posibilidades de la ciencia médica, una protección frente al dolor y una mínima calidad de vida.

Las semanas pasaron y la enfermedad fue avanzando de la manera exacta a como había sido previsto por el médico. No es preciso describir sus manifestaciones en forma de úlceras y otros espantos. Ni los estragos, perceptibles día a día, que el cáncer provoca en quien lo sufre. El tiempo galopó para todos.
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